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jueves, 26 de enero de 2017

El ascenso de la extrema derecha en Europa

por Josep Ramoneda

Notas sobre el auge de la extrema derecha en Europa
1.- La extrema derecha no es el fascismo, aunque en algunas cosas se le parezca. Podríamos decir al modo de Emmanuel Terray que la extrema derecha “se mueve en el espacio intermedio que separa a la derecha clásica del fascismo”. Si en la derecha hay siempre una pulsión a favor del orden establecido, no es el caso del fascismo que pretende la construcción de un Estado nuevo, que alienta a las masas contra las élites, que cree en la violencia y en la guerra como estado superior de la realización humana y que hace del vínculo directo entre el líder y las masas la forma suprema de la política. No hace falta recordar que para Carl Schmitt el estado nazi y el estado bolchevique tenían una cosa común: era las dos formas de estado modernas.
Esto no significa que no haya espacios de proximidad entre la extrema derecha y el fascismo. Buena parte del programa –sobre todo por lo que hace a la exaltación nacional, la defensa de una identidad excluyente conceptualmente cercana a la idea de raza y a la identificación pueblo patria- es compartida.
La derecha democrática se mueve actualmente entre los parámetros del llamado neoliberalismo económico y el conservadurismo social. Los neoliberales ponen el acento en la desregulación de la economía, en el papel ancilar de la política supeditada a las exigencias del poder financiero global, en el cosmopolitismo, en la globalización sin fronteras, en la prioridad del crecimiento y del beneficio empresarial sobre la redistribución y la cohesión social.
Aunque el crecimiento de momento sólo beneficie a unos pocos, a la larga acabará reportando beneficios a todos, como el agua que cae del cielo. El escritor suizo Jonas Luescher bautizó este argumento como teoría del estiércol de caballo: “Cuanta más avena demos al caballo, más abundante será su producción de excrementos y los pajarillos tendrán más para comer”.
Apoteosis de la idea de desigualdad y del desprecio del neoliberalismo por el común de los mortales. El conservadurismo apuesta por la continuidad, por la tradición, por los valores cristianos, por el orden por el marco patriótico y nacional. Ambas concepciones raramente se dan en estado puro, y más bien se han ido acoplando en la medida en que el neoliberalismo marca los límites de la gobernanza económica y el conservadurismo aporta la cobertura política, para hacer más llevaderas las incertidumbres que el proceso de globalización genera en los ciudadanos. François Fillon es un ejemplo casi perfecto de ello: él mismo se presenta como liberal en lo económico y radical conservador en la tradición de la derecha católica francesa.
En este contexto, la extrema derecha representa la radicalización de los valores conservadores para encuadrar a unas clases medias y populares que se sienten abandonadas e indefensas. Los valores fundamentales son compartidos: orden, autoridad, jerarquía, desigualdad, defensa de las instituciones, nacionalismo fundamental, prioridad a los nacionales, lo que vería es el nivel de intensidad. Volviendo a Emmanuel Terray: “Si la derecha clásica sólo admite la violencia si se ejerce en los límites fijados por la ley; la derecha extrema la contempla como un medio entre otros, a utilizar en función de las circunstancias”. Y así el rechazo al extranjero se convierte en xenofobia, el patriotismo en nacionalismo identitario y chauvinismo, la lucha antiterrorista en guerra al Islam, la autoridad en autoritarismo.
Y una última precisión conceptual: hay que abandonar la inflación de palabras usadas con intencionalidad política, ya que nada significan: no aportan conocimiento sino confusión; no sirven para entender sino para fomentar la ignorancia. La razón de su uso es estrictamente descalificatoria. Simplemente, se trata de colocar una etiqueta al adversario que le marque como excluido. Me refiero especialmente a populismo y antisistema. Y ahora está entrando en escena una tercera que camina rápidamente hacia este papel de gadget ideológico para todos los servicios: posverdad.
A juzgar por los discursos oficiales, Marine Le Pen, Trump, los Grillini, el independentismo catalán y Podemos tienen en común que son populistas y antisistema. Magnífico recurso para descalificar a todo aquello que desborda los estrictos límites del monopolio tradicional del poder, sin aportar información ni conocimiento alguno. Lo único que une a cosas tan dispares es que son diferentes expresiones al malestar generado por los estragos provocados por los años nihilistas en que se creyó que todo era posible, que no había límites al capitalismo, que acabaron con la crisis de 2008, y por la gestión que de ella hicieron los gobiernos conservadores y socialdemócratas. Pero la extrema derecha, ya sea en su versión norteamericana –Trump- o en su versión francesa –Le Pen- no tiene nada de antisistema, al contrario, es el plan B autoritario del sistema, y el independentismo catalán será anticonstitucional pero sumamente respetuoso con el sistema económico y social.
Igualmente, populismo es una palabra que atrapa todo, que ya no significa nada. Sus definiciones más solventes son dos: hacer promesas a la ciudadanía a sabiendas que no podrán ser cumplidas. Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Nada se ajusta tanto a esta definición como la campaña electoral de Rajoy de 2011. La otra definición gira en torno a la conversión del pueblo en sujeto político de cambio, bajo liderazgos personales fuertes. Pero el pueblo es un concepto demasiado amplio, que sólo adquiere sentido desde la pluralidad que lo constituye. Algunos dirigentes de Podemos han hecho suya la idea de populismo, para identificar la construcción de un nuevo relato de base popular. Pero que poco tiene que ver con el uso descalificativo que se hace del término populismo, y con los otros movimientos identificados como tales. En cuanto a la posverdad -`presentar como novedad la apelación a los sentimientos y a las emociones en política’-, me parece ridículo. La novedad es que la viralización de las mentiras las convierte en verdades con grandes dificultades para combatirlas. Para revisar el crecimiento de la extrema derecha en Europa hay que despojarse de estos tópicos.
2.- En general, toda Europa viene sufriendo un desplazamiento a la derecha desde los años 80. La inseminación de la derecha clásica por el llamado neoliberalismo, que ha dado lugar a una síntesis a menudo llamada neoconservadurismo, en un contexto de inseguridad e incertidumbre creciente; y la incapacidad de la izquierda para dar respuesta al desamparo de las clases medias y populares hundidas por la crisis, ha dejado espacio libre al crecimiento de la extrema derecha en Europa. La derecha clásica ha sido radical en las devastadoras políticas económicas, pero discreta y prudente en el discurso público. Y la extrema derecha, sin complejos a la hora de levantar la voz, ha canalizado las iras de muchos sectores. Y ha conseguido arrastrar a buena parte de la derecha –e incluso a la izquierda en algunos casos- para hacer su propia agenda.
La extrema derecha se nutre de las crisis de las clases medias. Como ha descrito Marina Subirats, desde los años 90 se fue construyendo la ilusión de que toda la sociedad era una inmensa clase media, con unos pocos ricos en la parte de arriba de la pirámide que habían optado por la secesión, y unos sectores marginales, casi invisibles, por la parte de abajo. Unos compraban en Zara y otros incluso en Louis Vuitton pero la quimera de la felicidad estaba construida con los mismos mimbres mentales del consumismo de masas. Esta ilusión se quebró con la crisis de 2008 que rompió a las clases medias por la mitad. Los que conservaron el empleo y pudieron mantener su trabajo profesional, favorecidos por la caída de la inflación, pudieron trampear la crisis razonablemente, pero se sintieron asediados por una de los sentimientos que más rápidamente se propagan en las clases medias: el miedo. Los que perdieron posición y se encontraron ante un abismo que creían ya superado para siempre, entraron en el desconcierto y la angustia. Y muchos de ellos abandonaron a los partidos en los que habían confiado al sentirse traicionados y se dejaron llevar por el rechazo a la política o por las promesas de redención comunitarista que ofrecía el discurso duro de la extrema derecha. La izquierda vio cómo su propio electorado se iba al otro lado del espectro. Y la derecha, pero también la socialdemocracia, optaron por el mimetismo de la extrema derecha: seguridad, xenofobia y miedo, con lo cual no hicieron más que reforzarla.
3.- La ciudadanía, en su desamparo, necesitaba chivos expiatorios: los encontró en los inmigrantes y en las élites. La crisis de los refugiados –a la que Ángela Merkel intentó inicialmente responder con franqueza, pero acabó acomodándose al estado general de opinión- reforzó el discurso contra los extranjeros, convirtiendo a los nacionales en víctimas y presentando a los inmigrantes como privilegiados que nos roban bienes y derechos. Desde esta perspectiva se han ido desplegando todos los tópicos del discurso de extrema derecha: excepción nacional, antieuropeísmo, repliegue identitario, prioridad a los autóctonos, comunitarismo, rechazo a la diversidad cultural. Los atentados del terrorismo yihaidista han reforzado el rechazo al extranjero, convirtiendo a los musulmanes en principal chivo expiatorio.
El complemento ideológico de la extrema derecha es el discurso antiélites, que les permite presentarse como lo que no son: una alternativa al sistema. En realidad, la extrema derecha es el plan B del sistema: la vía más directa hacia el autoritarismo posdemocrático. Pero se trata de capitalizar la reacción de la ciudadanía contra unas clases dirigentes y contra una clase política que, escondida detrás del discurso de los expertos, se ha ido alejando de la ciudadanía y desconectando de ella. Y para ello se presenta como personas ajenas a los que mandan, cercanas al pueblo y parte de él. Autenticidad popular como fondo de legitimación: somos como todos. El discurso antiélites es también una respuesta a una política que está transformando la democracia por la vía de la transferencia de la soberanía hacia la aristocracia de los expertos. Es decir, hacia la liquidación de la democracia liberal.
4.- La derechización de Europa debilita enormemente los valores de las grandes tradiciones liberales y republicanas europeas. Como si la enorme inundación producida por la globalización, que siguió a la caída del muro de Berlín, siguiera todavía activa. Primero, se llevó por delante al comunismo, después a la socialdemocracia, ahora tocaría al liberalismo. La razón crítica, la conciencia universal expresada en el imperativo categórico kantiano, la idea de humanidad como portadora de derechos básicos de todas las personas, las libertades civiles, se sienten amenazadas. Y el principio republicano es reemplazado por un comunitarismo de la peor especie. Y lo grave de la situación es que la derecha abandona el liberalismo ideológico –que no el económico- para hacer suya la agenda de la extrema derecha. Lo hemos visto en Francia donde la derecha católica, tradicional y conservadora ha desplazado al más liberal de los candidatos de las primarias, Alain Juppé, a favor del neoconservadurismo de François Fillon.
Y no olvidemos que la derecha española ha sido pionera en este sentido. Mariano Rajoy intentó imponer una contrarreforma en los primeros años de su mandato. El presidente quiso demostrar que la derecha había recuperado el poder sin complejos, y puso en acción al arsenal católico, conservador y centralizador. Desde la impunidad de la mayoría absoluta, implementó tres proyectos estrella que encargó a los tres ministros con más carga ideológica del Gobierno: la ley de Educación de Wert, la ley Mordaza de Fernández Díaz, y la del Aborto, en manos de Alberto Ruiz Gallardón. La propina fue la reforma laboral. Los tres ministros ya no están, sacrificados a mayor gloria del presidente. La reforma del aborto quedó en intento. La Lomce ya ha decaído, envuelta en una promesa de pacto sobre la educación. Y la ley Mordaza está en el punto de mira de la oposición. España resiste, en parte porque la reacción contra la crisis nihilista ha venido de la izquierda y no de la extrema derecha.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Renovación a medias en las listas del PSOE al Congreso y al Senado

Las provincias de León, Salamanca y Soria han renovado a sus cabezas de lista del PSOE al Congreso de los Diputados y el Senado para las próximas elecciones generales de final de año, mientras que en Segovia, Valladolid y Zamora continúan los actuales diputados y senadores, una vez que ya se han celebrado todos los comités provinciales, excepto en el caso de Ávila donde el partido está dirigido por una gestora y fue a última hora de ayer cuando se cerró el plazo de recepción de candidatos por parte de las asambleas.
 
Estas propuestas ratificadas en los distintos comités provinciales pasarán ahora a la Comisión de Listas y tendrán que ser aprobados por el Comité Electoral Central, según señalaron fuentes socialistas. Además, en las provincias de Burgos y Palencia se ha producido una renovación parcial de sus candidaturas.

Así, en el caso de Burgos, el comité aprobó la candidatura de Esther Peña como cabeza de lista al Congreso de los Diputados, mientras que continúa como senador Ander Gil. 

En Palencia ocurre lo contrario, que continúa como candidato el actual diputado Julio Villarrubia y entra como candidata al Senado la alcaldesa de Cisneros, Rosa María Aldea.

En lo que se refiere a los que son nuevos, en León encabezará la lista al Congreso de los Diputados Aurora Flórez, de la agrupación de San Andrés del Rabanedo, seguida de la actual diputada María Luisa González, y la del Senado Graciliano Palomo, de la agrupación de la capital y Nuria Díaz.

También son nuevos los candidatos de Salamanca. Se trata del actual vicesecretario del PSOE de Salamanca, David Serrada (Congreso), y la exsecretaria de Políticas de Igualdad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Rosa López (Senado). 

Por su parte, en Soria también son nuevos los dos cabezas de lista: Javier Antón (Congreso) y María Irigoyen (Senado).

Por lo demás en Segovia continúan Juan Luis Gordo como cabeza de lista al Congreso de los Diputados y Félix Montes, al Senado, y 

en Zamora la diputada Mar Rominguera y a la Cámara Alta el alcalde de Puebla de Sanabria, José Fernández.

Polémica. Si bien en la mayor parte de las provincias hubo normalidad en la elección de estos candidatos, en Valladolid la polémica acompañó a la elección de los candidatos, donde se impuso con un 70 por ciento de los apoyos la lista encabezada por Soraya Rodríguez y el exsubdelegado del Gobierno Cecilio Vadillo, en detrimento del hasta ahora número 2 al Congreso, Mario Bedera, que pasa a ocupar el puesto cuatro en la candidatura y que ya anunció a impugnación del resultado a la Comisión Autonómica de Garantías por entender que esta lista es fruto de «un acto personalista, no avalado, ni legitimado por los militantes», en referencia al acuerdo alcanzado entre el secretario provincial, Javier Izquierdo, y el propio Vadillo para llevar a cabo una lista de consenso.
Mientras, el partido en Valladolid llevará al Senado como cabeza de lista a Emilio Álvarez, seguido de María Isabel Gonzalo y Luis Alonso.

La lista del PSOE al Congreso y al Senado sale por apenas cinco votos

Cinco votos apenas. Cinco apoyos que lograron sacar adelante a duras penas las listas del PSOE de León al Congreso y al Senado para las elecciones generales previstas para finales de diciembre. Una diferencia mínima dentro de los 116 asistentes al comité provincial, a pesar de que la propuesta llegaba avalada por los resultados de las consultas a las agrupaciones locales con las que se ha querido revestir de participación al proceso. No lo entendió así buena parte de la militancia, que mostró su rechazo a una candidatura pactada por la ejecutiva provincial con la dirección federal. A cambio de colocar como número uno a la Cámara Baja a Aurora Flórez y desplazar a Graciliano Palomo a la Baja con el beneplácito de la agrupación local de León, Tino Rodríguez cedió para que Ibán García del Blanco ocupe el segundo lugar en la papeleta de diputados nacionales.

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diariodeleon.es


El Comité provincial del PSOE aprueba las listas para Congreso y Senado en las próximas elecciones

David Serrada, Soledad Murillo, Fidel Francés y Rosa Rubio serán los candidatos al Congreso de los Diputados. Rosa López, Alfonso Buenaventura Calvo y Carmen Juanes los candidatos al Senado.

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tribunasalamanca.com


La Gestora del PSOE de Ávila diseña sus candidaturas al Congreso y el Senado

Pedro Muñoz, Ana Moreno y Miguel Hernández Alcojor al Congreso; Carmen Iglesias, Jose Antonio  Herráez Martín y Juliana Jiménez, al Senado. Estas son las candidaturas, que según la Gestora coinciden, en el mismo orden, con los aspirantes que más apoyo han obtenido de los afiliados en el proceso que ahora se cierra.

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tribunaavila.com

El Comité Provincial del PSOE da luz verde con el 70% de los votos a las listas electorales

El Comité Provincial del PSOE, celebrado en La Cistérniga (Valladolid), dio luz verde el sábado, 26 de septiembre, con el 70% de los apoyos la candidatura de Soraya Rodríguez y Emilio Álvarez como cabezas de lista al Congreso y al Senado, respectivamente. El secretario provincial, Javier Izquierdo, valoró este «amplio resultado» y mostró su satisfacción por que «han votado los militantes» el orden de las candidaturas.

A Soraya Rodríguez le seguirá en la candidatura el exsubdelegado del Gobierno Cecilio Vadillo; la expresidenta de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), Helena Caballero; el secretario de Estado de Educación Mario Bedera, quien ha anunciado la impugnación de estos resultados, y Marta María Carro. Serán suplentes José Luis Garrido, Encarnación Prieto y Marcial Barba.

Bedera explicó que se ve obligado a impugnar estos resultados. «Ha sido todo irregular que si me callo parece que doy por bueno el resultado», declaró el secretario de Estado de Educación. Por eso, llevará este asunto a la Comisión Autonómica de Garantías y asegura que si no le dan la razón, no continuará en esta batalla porque «el partido ya ha sufrido bastante».

Según Bedera, con este «pacto personalista, no avalado, ni legitimado por los militantes» entre Izquierdo y Vadillo, el secretario provincial ha ido cambiando «las reglas de juego». «Este acuerdo se reduce en que se ha garantizado el futuro de dos personas», remachó Bedera en declaraciones a Ical, mientras que Javier Izquierdo insistió en que las candidaturas aprobadas «son las más votadas» por los militantes y remarcó que la lista de Rodríguez y Vadillo de consenso pretendía «tener el mayor respaldo posible y eso se ha conseguido».

En la candidatura del Senado, el cabeza de lista será Emilio Álvarez, seguido de María Isabel Gonzalo y Luis Alonso. Los otros dos titulares son Emiliana Centeno y Juan José Tomás-Biosca. La primera contará con Alejandro Herrán y Elena Mangas como suplentes, mientras que el segundo, con Blanca de Luis y Felipe de Diego. Ahora, la propuesta se trasladará al Comité Federal de Listas en Ferraz, que deberá ratificarlas.

Sin el apoyo de las Juventudes Socialistas
Por su parte, los miembros de Juventudes Socialista Elena Pastor y Francisco de la Iglesia retiraron también su candidatura para «no ser cómplices de unos resultados cocinados» para obtener el orden que unas personas «decidieron en un despacho».
En un mensaje recogido por Europa Press, ambos candidatos, que se presentaron para concurrir a las primarias para las cámaras, han afirmado que renuncian porque no quieren «ser cómplices de unos resultados cocinados» para obtener el orden que «unas personas decidieron en un despacho».
Además, han acusado a quienes deciden el orden en las listas de intentar «cubrir de democracia y voto directo» lo que ha sido, a su juicio, la decisión «de unos pocos». También han criticado la «falta de transparencia» en el proceso y las «versiones contradictorias» sobre la contabilización de votos en algunas de las asambleas celebradas, por lo que «se cuestionan los resultados planteados».

domingo, 27 de septiembre de 2015

Aguado acompañará al Congreso a Rominguera como número dos

Finalmente, 32 votos de diferencia con la actual diputada nacional del PSOE por Zamora, Mar Rominguera, llevaron a Ismael Aguado, el secretario de Organización del PSOE, a ocupar el número dos de la candidatura que la Ejecutiva provincial propondrá hoy al comité ejecutivo para cerrar las listas a las elecciones generales. El recuento de los votos de las 26 agrupaciones de la provincia elevó hasta los 166 los apoyos logrados por Rominguera, frente a los 133 que obtuvo Aguado. El joven ha sido el más votado por sus compañeros de la provincia, con 13 votos de diferencia respecto de la diputada. El amplio apoyo que la secretaria de la Agrupación de Zamora consiguió en la capital, con 73 votos frente a los 28 de Aguado, dieron al traste con las expectativas de este. El tercer puesto de la lista lo ocupará otro mujer, Arabela Ramírez, para respetar la paridad que exige el reglamento del PSOE, ya que logró menos votos que José María Chimeno, exportavoz socialista en el Ayuntamiento de Galende.
El gran triunfador
Sobre quien se volcó la militancia, fundamentalmente en la provincia, fue sobre el alcalde de Puebla de Sanabria y senador, José Fernández, que se apupó con 205 votos, y repetirá como número uno a la Cámara Alta. Logró muy amplia mayoría respecto del segundo más votado por las agrupaciones para ir al Senado, Jesús Ángel Antón, alcalde de Pino, que se quedó en 75 sufragios, 10 más que el alcalde de Castroverde Campos, con 65. El número dos de la lista lo ocupará, sin embargo, una mujer, la concejal de Benavente Marian Martínez (32 votos), para respetar la paridad.